Vertical de V3. Un vino marcado por la personalidad de su creador.

La verdad es que no paramos y hay que reconocer que estamos ansiosos por seguir probando vinos, bien novedosos, bien elaborados por uvas desconocidas o… bueno vamos a dejarnos de tonterías ¡qué nos gusta el vino, el buen vino! y no hay por qué dar más explicaciones.

La cata que celebramos el 25 de mayo en el Restaurante El Candil de Salamanca -sancta sanctorum del “lobby charro”- se centraba en una vertical de vinos blancos, algo no muy usual por estos lares -a la mayoría de los mortales de la zona le dices que pagas 15€ por una botella de vino blanco y te recomienda a su psiquiatra-, y menos aún si los vinos eran de Rueda.

Nos íbamos a enfrentar a las 6 añadas nacidas de Terna Bodegas y contábamos -gracias a Julio González distribuidor de la bodega- con la presencia del alma mater -bueno pondremos “pater” ahora que se estila tanto eso de amigos y amigas, compañeros y compañeras o miembros y “miembras”- Richard Sanz, persona entrañable, cercana, conocedora y apasionada de su trabajo, con una idea y una filosofía clara de los vinos que quiere elaborar y que haría los deleites en un concurso de taquígrafos (¡qué rapido habla este chico!).

Sobre la bodega indicar que se encuentra en pleno corazón de Rueda, La Seca, y en la que se engendran  pequeñas y mimadas producciones de vinos que muestran la parte rústica y natural de variedades autóctonas procedentes de los viñedos más antiguos encontrados en la zona.

Y sin más dilación pasamos a “batirnos el cobre” entre las botellas de V3 que pasaron por nuestros sentidos visual, olfativo y gustativo del 2004 hasta el 2009 y que dieron mucho de qué hablar, escuchando de fondo mientras elabordo esta crónica a una de mis cantantes favoritas, Diana Krall.

1.- V3 2004

Elaborado en barricas de 300 litros nueva en las que permanece el vino 6 meses.

En vista presenta un color amarillo vivo. Limpio y brillante, con lágrima fina y densa. En agitación muestra también esa densidad.

En nariz fruta amarilla coon hueso, miel, notas minerales, vainillas, manzana asada, cáscara de naranja, manzanilla y membrillo compotado.

En boca muestra una buena acidez. Se muestra graso y una retronasal cargada de matices.

2.- V3 2005

Elaborado en barricas nuevas durante 5 meses.

Se muestra en vista amarillo con menisco dorado y lágrima fina.

Notas de miel, agua de rosas, polvo de talco, rosa seca, flores blancas (azahar) y avellana tostada.

En boca igual que su hermano mayor mantiene una buena acidez y una retronasal que nos sorprendió por las notas de queroxeno que solemos encontrar en los rieslings.

3.- V3 2006

Se muestra en vista amarillo dorado, limpio y brillante, con una lágrima fina y densa. En agitación queda patente la densidad del vino.

Nariz rica de matices: membrillo fresco, punto de cera, miel, anís, notas de manzana grand smith, hidrocarburos y caramelo tostado.

En boca tiene una excelente acidez, denso, fresco, redondo, largo y envolvente, con un amargor final elegante.

Muestra todas las hechuras para ser un vino con una excelente evolución en el tiempo.

4.- V3 2007

De color amarillo limón. Limpio y brillante. Lágrima fina. Bonito.

En nariz notas de fósforo que desaprecen en aireación. Apuntes minerales (caliza), manzana asada, notas de vainillas propias de la crianza, canela e hinojo. Tal vez el más complicado hasta ahora y camaleónico a lo largo de la cata.

En boca está más ajustado de acidez. Tiene menos densidad que los vinos anteriores pero muestra un largo retrogusto. Tal vez sea el que menos complejidad muestra con respecto a las añadas anteriores.

5.- V3 2008

Amarillo con menisco alimonoado y con las mismas hechuras que sus hermanos en la fase visual.

En nariz notas minerales (caliza, canto rodado), hojarasca, polvo de talco, manzanilla (vino), champiñón.

En boca mantiene la buena acidez de los hermanos. Se muestra fresco, pero tal vez le falte otro año más de botella, aunque como decimos los taurinos “no hay quinto malo”.

6.- V3 2009

Criado 10 meses en barricas nuevas, de 2º y 3er año.

Vista amarillo limón con lágrima fina y densa. Bontio, brillante y limpio.

Nariz con notas alimonadas y minerales. Ahumados. Sensación de manzanilla y hierba seca. Hinojos y orejones.

En boca buena acidez, graso, untuoso y con muy buen recorrido.

Retronsasal marcada por las notas de la fruta, la hierba y las notas minerales. Amargor elegante y rico al final que lo hace adictivo a pesar de su “juventud”.

Conclusión:

Como en toda familia cada hijo es distinto aunque unos tengan rasgos o caractéres similares. En este caso podríamos extrapolar el símil a los vinos: los hijos vinícolas de Richard mantienen una estructura común sobre todo en nariz, ya que en vista el tiempo no deja de diferenciarlos por mayor o menor marcada tonalidad, pero esa base olfativa de minerales, fruta amarilla, flores blancas y notas herbáceas forman la estructura el armazón que luego se completa con aspectos individuales para cada uno de los vinos: talco, rosas secas, manzanilla, anís,…

Y siguiendo con el símil familiar ¿a cual quieres más?. Bueno pues aquí, como en la familia, hubo sus preferencias dentro de un buen nivel de todos los vinos: el 2004 por su riqueza de matices, el 2006 por su estructura y 2009 por la buena proyección que se le prevee en el tiempo.

¿Que qué vamos a probar en nuestra próxima cata?. Mira que sóis curiosones. Bueno, vale, ya que os ponéis así: Vinos de la Tierra de Cangas ¡que en Asturias no todo es sidra!

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