Salimos de la mediocridad gracias al indivíduo

libertad

Leyendo post como el de Terroaristas o como el de José L. Louzán, entre otros, vas tomando conciencia de que estamos ante un profundo, lento, pero profundo cambio en las estructuras del mundo vinícola español.

Siempre se han criticado a las DO’s por su encorsetamiento, por su falta de libertad a la hora de dejar paso a la creatividad de los viticultores y/o enólogos de este país. Claro que si pensamos que tienen que dar paso a aires frescos en cuanto a castas, “tempos”, elaboraciones,… en parte dejaría de tener sentido su existencia (y soy de los que creo que deberían de dejar de existir o al menos sufrir una profunda transformación).

Si junto a ello le unimos el bluf de los Vinos de pago (léanse www.elmundovino.com) no nos queda más que recibir con esperanza las pequeñas brisas de aire fresco que suponen la llegada de nuevos y “revolucionarios” elaboradores que lo único que persiguen es la creación de vinos con alma, diferentes en sus formas y en sus castas, alejándose de constreñimientos y dando paso a la libertad creativa a que todo artista tiene derecho, y digo bien, artistas, ya que para mí lo son aquellos que generan en mí la afloración de sensibilidades vía la belleza, el color, las formas, la sintáxis o la sensualidad de múltiples aromas y sensaciones táctiles.

Por fín empezamos a anteponer el nombre de un creador por delante de la propia marca. Hablamos de abanderados como Víctor de la Serna (aún conservo su primer magnum de touriga nacional en la Manchuela), Rafa Bernabé (del que nunca termino de sorprenderme ni él de “autoreinventarse”), Manuel Valenzuela y su vigiriega en la Alpujarra granaína o Toni Sarrión y su merseguera,o de apuestas más “jóvenes” como Alfredo Maestro, Fabio Bartolomei, de Samuel Cano,  Germán Blanco,  Raúl Pérez,  Nacho León,  Charlotte Allen,  Bruno Murciano,  Norrel Robertson,  Fequi & Co., o del excelente trabajo de Pablo Betancort o Jonatan García en Tenerife,… y tantos otros que gracias a su empuje y su denostado afán por elaborar vinos marcados por la personalidad de sus creadores y basados en el terruño hacen posible que tengamos la esperanza de poder situar nuestros vinos en el lugar que se merecen.

Complicada apuesta en un país en el que las administraciones autonómicas marcan sus propios feudos cuales reinos de taifas y en el que una maraña de disposiciones, decretos y legislación varia hace que la tela sea tupida y a veces difícil de sobrepasar, aunque la aparición de un pequeño, pero cada vez más importante  grupo de hombres libres hará, estoy seguro, virar el rumbo, y no ha sido la primera vez en la historia.

Fotografía: http://sorpresarenal.blogspot.com.es

4 opiniones en “Salimos de la mediocridad gracias al indivíduo”

  1. Estoy de acuerdo. El post de J. L. Louzán ha sido una corriente de aire que te espabila. Lo tenemos ahí delante pero a veces no lo vemos. Creo que hay sitio para estos creadores que han escogido hacer un camino diferente; sólo tenemos que ayudar a que lo consigan.

  2. Jorge, creo que después de todo la última “frontera” entre el vino y el consumidor final también falla, tanto la falta de espíritu de gran parte de la distribución como el pésimo servicio y la nula formación que se observa en gran parte de nuestra hostelería a la hora de apoyar iniciativas como las comentadas y muchas más que van surgiendo hace que el nivel, no de consumo que ya está tocando fondo, sino de conocimiento del vino roce la ignorancia en algo que tendríamos que considerar como bien cultural propio.
    En fín, siempre apoyé iniciativas de este tipo cuando me dejaban “trastear” en el restaurante familiar y algunos me tacharon de “loco” cuando comencé a organizar jornadas de vinos por copas de zonas que no fueran ni Rioja ni Ribera del Duero, pero la satisfacción de observar las caras de sorpresa cuando descubrían vinos de monastrell, picapoll, airén, bobal, mencía, godello, sousón, rufete, … no tiene precio.
    Algún día lo contaré en mis memorias 😉

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