¿Pero hay arroz para tanto bogavante?

De un tiempo a esta parte estamos asistiendo, no se si a una nueva versión de los panes y los peces -cambiando pan por arroz y peces por bogavante-, a un incremento exponencial del consumo de arroz o al desarrollo de la Teoría de la evolución de Darwin -no viene nada a cuento pero queda como muy intelectual- debido a la invasión en nuestros restaurantes del único plato que está siendo capaz de hacer sombra a nuestra elaboración más demandada y conocida a lo largo y ancho de esta piel de toro.

¿Qué no saben a qué me refiero?.

No, no estoy hablando del “aire de zanahoria con mandarina” de Adriá, ni de las “palomitas Nitro” de Dani García, ni tan siquiera del Estofado de morucha que se elabora  en el Restaurante El Candil.

Me refiero a …

¡Ps, ps!, sí usted. El que está dirigiendo su puntero del ratón hacia la parte superior de la pantalla para cerrar este blog. A ver, ¡listo!. ¿Sabe a qué plato me refiero?. ¡Pero bueno, sí señor! ¡a la paella!

¡Qué alegría que alboroto, otro perrito piloto!. ¡Secretario acércame la tostadora que se la voy a entregar al señor! -me encanta el lenguaje de los feriantes y charlatantes. ¡Ah, los hermanos  Ramonet, eso si que era dialéctica comercial!-.

Pues sí, nuestra querida paella está sufriendo el ataque directo a su línea de flotación por parte de un plato que podemos ver anunciado en toda localidad a lo largo y ancho de nuestro país, y lo mismo te lo puedes comer en Cádiz, que en Salamanca, que en Cuenca o Badajoz, y yo me pregunto: ¿Pero, hay arroz para tanto bogavante?.

Pues parece ser que sí y esto nos lleva a una serie de conclusiones:

  1. Que el mercado del arroz está más que boyante y que si tiene intenciones de invertir en bolsa, búsquese una empresa arrocera.
  2. Que si los chinos nos estaban invadiendo en un principio a través de sus tiendas, después con sus peluquerías y adquisición de todo negocio lucrativo, ahora han pasado a otra iniciativa y nos quieren conquistar a base de vendernos arroz.
  3. Se están perdiendo los platos típicos de cada zona gracias a la globalización del consumo de este tipo de platos totalmente despersonalizados. Pero alma de Dios ¡cómo puede uno comerse un arroz con bogavante en Salamanca habiendo  chanfaina!. Ahora que lo mismo le digo que yo no sería capaz de comerme una fabada en Torrevieja, y poder, se puede.
  4. Consumamos nuestros arroces producidos en Andalucía, Extremadura, Comunidad Valenciana, Cataluña y Aragón, de Amposta, Sueca o Calasparra. No en vano somos los segundos productores europeos.
  5. Apliquemos mi máxima: “Donde fueres come lo que hubiere”

Por cierto del bogavante hablaremos en otro post, pero no se por qué me da que la mayoría vienen del Mar … de la China. Y si creen que exagero les recomiendo que lean el último ensayo de Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo “La silenciosa conquista china” (Ed. Crítica).

Y como dice el refrán : “Ni arroz pasado, ni guiso ahumado”.

Si conocéis más platos “sin patria” os agradecería vuestras aportaciones.

Abrazotes

La fotografía de la chanfaina que se publica es con la autorización de Marta Carnero de www.pasean2.com

2 opiniones en “¿Pero hay arroz para tanto bogavante?”

  1. Los sobaos y las magdalenas son una ordinariez engordante. Eso sí, los cupcakes y los muffin además de fashion, adelgazan. ¡La madre que los parió!

    No les des a los niños buñuelos, ni huesos de santo, que los dulces son malos y engordantes; mejor hínchalos a base de chucherías a sacos para celebrar no sé qué fiesta de importación…

    Nada de casquería, que tiene colesterol, pero vamos allá con cualquier plato prefabricado en el que no hay ni un p?to rastro de nada que haya crecido en el campo, en el mar o haya sido parido por cuadrúpeda mamífera…

    A poquito que nos sigamos entrenando, reventamos los records de memez…

    Saludos,

    Jose

  2. Jose, sobre lo mal que se come y lo mal que se ha enseñado a comer a la mayoría de nuestra juventud desde la infancia hay para escribir ríos de tinta. Una educación nutricional marcada por una publicidad invasiva y por una “falta de tiempo” que nos ha llevado a consumo masivo de precocinados. ¡Con lo rico que está lo que uno hace!

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