Neal Martin: ¿Luz al final del tunel?

Después de los comentarios suscitados por las últimas catas sobre vinos españoles en The Wine Advocate no sabe uno si entonar el “¡llegó el comandante y mandó parar!” o escuchar en la lejanía temerosos “tambores lejanos“, aunque pienso que ni Neal Martin es un revolucionario crítico vinícola  ni  tampoco un Capitán Quincy Wyatt enfrentado a la mayoría de los bodegueros patrios, como si fueran indios semínolas y fieles seguidores de las directrices marcadas por su jefe Bob Parker.

Más bien pienso -y deseo- que podemos estar ante un Holly Martins (Joseph Cotten) que intentará desmarcarse de las opiniones de Parker en cuanto a concentración, potencia, alta graduación y aportación del roble nuevo al vino. Aunque si aplica la máxima de “ni quito ni pongo rey, pero sirvo a mi señor”, mal vamos.

Si es así, bienvenido sea, será un soplo de aire fresco y podremos ver, aquellos que siempre apostamos por vinos contrarios a los definidos como “parkerizados”, una luz al final del túnel.

Creo que lo que mejor reafirmaría este deseo en una realidad son las propias palabras de Martin y que copy-pego de www.elmundovino.com:

“Ha habido una preponderancia de lo que yo llamo ‘roble porque sí’. Para que se sepa: un golpe de roble francés nuevo no es un requisito previo para obtener una alta calificación ni, desde luego, para justificar un alto precio. Desde luego, utilicen el roble si resalta su fruta y no oscurece el terruño ni la personalidad del vino. Desgraciadamente, he catado muchos vinos hechos según una fórmula idéntica, abrumados por la madera, a menudo acompañada de niveles excesivos de alcohol y de una botella pretenciosa y a prueba de balas. Son tan carentes de alma como los vinos peores de la cooperativas, pero mucho más caros. El resultado es que este estilo de mosto fermentado se está convirtiendo en genérico a través de las zonas vitícolas, hasta el punto de que muchos vinos de postín podrían proceder de cualquier parte del mundo”.

En el peor de los casos Martin sería despreciado por aquella corriente que ahora está penalizando en sus catas y que otrora compartía las mieles del Olimpo, como si después de terminar con Harry Lime (Orson Welles), Anna Schmidt (Alida Valli) le mostrara su desprecio.

De momento mantenemos la luz de cruce.

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