Locuras de verano: Demencia 2008 seis meses después.

La verdad es que en estos meses veraniegos lo más normal es disfrutar con vinos blancos del mundo mundial frescos, afrutados, ligeros,…, pero, al igual que me sucede  cuando estoy de vacaciones más de diez días en mi retiro de Guardamar del Segura (Alicante) y necesito acercarme bien a Alicante o bien a Murcia para apaciguar a mi otro yo urbanita, también necesito, en cuestión de vinos, disfrutar con un buen vino tinto.

En este caso tenía ganas de volver a probar Demencia 2008, proyecto de Nacho León en tierras bercianas y del que tuvimos el placer de conocer y compartir copa y mantel hace unos seis meses dentro de las actividades del lobby charro de las que soy fiel escriba a través de este blog.

Sin entrar a indicar tipo de cepa, elaboración, crianza, … de los que ya dejamos constancia en el post ¡Más De-mencía por favor!, haré sólo referencia a las sensaciones que he observado transcurrido este tiempo a través de una nueva cata:

Vista: sigue manteniendo un precoiso color picota de capa alta -prácticamente opaco- con menisco carmesí. Lágrima fina y densa que tinta la copa. Limpio y brillante. Parece como si las raíces de la cepa de mencía hubieran tomado los pigmentos de un filón de carbón berciano.

Nariz: Notas de fruta negra compotada; apuntes lácteos, minerales, notas de monte bajo, cacao y punta de mentolados (recuerdos a bombón inglés) y regaliz negro. Compleja.

Boca: Muestra buena acidez y equilibrio. No se nota calor en boca a pesar de sus 15º gracias a esa acidez tan bien integrada. Retronasal en la que las notas de fruta negra y lácteos predominan. Buen recorrido. Taninos presentes y aún secantes aunque más matizados que hace séis meses. Sedoso.

El vino ha mostrado una buena evolución en este tiempo y eso que tal vez habría que haberlo probado más tarde, pero las notas de conjunción entre crianza y fruta se van ensamblando aunque no se haya llegado aún a una simbiosis completa que lo haga redondo. Tiempo al tiempo.

Muestra muy buenas maneras y por lo menos una evolución hacia un mayor disfrute. Qué necesita más crianza en botella es evidente, pero puede consumirse y disfrutarse ahora, siempre y cuando tengamos consciencia de que estamos cometiendo un pequeño “infanticidio”. Pero ¿no es en el verano cuándo se cometen las pequeñas locuras? y si no que se lo digan a David Lean.

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