Balenciaga, rodaballo y txacolí: estamos en Guetaria

Si tienen ocasión, no lo duden y acérquense a visitar un precioso pueblo cerca de San Sebastián y al ladito de Zaráuz y tendrán la ocasión de descubrir el buen gusto y la maestría en tres actividades tan distintas como la alta costura, el rodaballo a la brasa y la elaboración de taxolí.

Les recomiendo el viaje. Nosotros lo organizamos así: visita al museo, comida en Kaia Kaipe -Elkano estaba cerrado y lo dejamos en la lista de pendientes- y recorrido por una de las bodegas pioneras en la D.O. Txacolí de Guetaria, Txomin Etxaniz. De esta forma cumplimos con la máxima de darle culto al cuerpo en todos sus sentidos: intelectual y físico.

Lo bueno de que esta población reúna estos tres campos tan distintos es que pueden dar gusto a prácticamente a toda la familia: por mi parte, tanto a mi mujer como a mi hija les encanta el mundo de la moda y qué mejor ocasión que visitar el museo dónde se nos muestra de forma muy didáctica y con muy buen gusto toda la evolución y el desarrollo del gran creador de alta costura  Cristóbal Balenciaga desde sus inicios hasta sus grandes creaciones.

   

Tras disfrutar con las obras maestras de la costura teníamos mesa en Kaia Kaipe -de esta aficción participamos toda la familia- para disfrutar de una de sus especialidades: rodaballo a la brasa -siento que no haya foto, pero entre que me temblaban las manos de la emoción y que había hambre…-, amén de degustar unos excelentes chipirones a la plancha y unos postres caseros tan típicos como la pantxineta. Eso sí, si pueden pidan una de las mesas con vistas directamente al puerto. El gozo será completo.

   

Y como no podía ser menos despúes de la comida era obligado un paseo por Guetaria, al menos por los alrededores del puerto, ya que el día fue lluvioso, disfrutando del mirador que acoge el monumento a Juan Sebastián Elcano, hijo del lugar o visitar su iglesia sorprendiéndonos del suelo incinado hacia atrás -si alguien conoce su por qué, que nos lo cuente-.

 

Tras hacer un pequeño paseo teníamos cita en la bodega Txomin Etxaniz -aquí el gusto es mío-. Nos recibió Mikel, hijo de uno de los propietarios, explicándonos brevemente la historia de la familia, el desarrollo de la DO, las características de las cepas Hondarrabi Zuri (blanca) y Hondarrabi Beltza (tinta) -cuentan con 40 Ha., algunas de ellas centenarias- con la que elaboran en la actualidad un txacolí del año, un espumoso blanco y otro rosado -de este saldrá la primera añada ahora- y un vendimia tardía de pequeña producción.

 

De momento hemos probado el básico, Txomin Etxaniz 2011, amarillo pajizo, vivo, alegre, con carbónico fino. Nariz frutal, sobre todo blanca y amarilla, y unas notas ligeramente salinas, fruto de la proximidad de las cepas al Cantábrico. Fresco en boca, ligero, pero con un punto de amargor final que lo hace adictivo.

¡Agur!

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