Sangría versus Tinto de verano

Bueno pues hemos pasado del frío invierno al caluroso verano en nada, aunque supongo que si nos lee algún meteorlógo dirá que climatologicamente hablando aún estamos en la primavera, en la loca y cambiante primavera.

Llegando a este punto y como no queremos entrar en discusiónes científicas -porque las perdería-, podemos aprovechar esta subida de temperaturas como anuncio previo del estío e ir pensando en preparar alguna sangría  o un buen tinto de verano.

El problema radica en saber si realmente hacemos bien la sangría porque tal y como se hacen en gran parte de nuestros bares y chiringuitos parece que el resultado final es un compendio de todo lo que sobra de aquí y de allá, y más parece un mejunge de la Bruja Averías que una bebida refrescante, y no es eso, no es eso.

No voy a daros recetas de sangrías porque el “padre” Google nos puede alumbrar con infinidad de ellas, pero sí darles una idea este año para sorprender a propios y extraños: aproveche los excelentes vino jóvenes monovarietales españoles para elaborarla.

De esta forma os propongo elaborar sangrías -que la sangría ha de elaborarse con vino tinto para adquirir el color “sangre”-, con vinos de garnacha, bobal, tempranillo, mencía, tinta de toro, syrah,… jóvenes, con toda su carga de color y aromas a frutas propias de este tipo de vinos a los que se añadiría la tipicidad de cada uva, y os aseguro que váis a triunfar.

Asi conseguimos tres objetivos: hacer una sangría con una excelente materia prima, incrementamos el consumo de vino per cápita -¡bendito resveratrol!- y damos a conocer la riqueza vinícola de esta piel de toro.

Actualmente -al igual que sucede en nuestra cocina- están surgiendo “modificaciones” y desestructuraciones en torno a nuestra bebida veraniega elaboradas con cava o añadiendo frutas exóticas y licores “extraños”. Si alguien se anima a ellas, adelante.

Por otro lado aparece como bebida propia del verano -y más simple de elaborar- lo que llamamos el Tinto de “idem” que la mayoría de las veces es vino + gaseosa (sigo prefiriendo La Casera a otras) u otro tipo de bebida gaseosa de sabor -generalmente de limón-, pero por favor no se les ocurra realizar la experiencia de algún visionario que llegó a la conclusión de que si la gaseosa mejora un mal vino, ¡qué no haría con un Vega Sicilia!.

¡Ah! y por favor no me hagan hablar del “rebujito” ni de la última moda snob, pero más cateta que Marianico el Corto, como es pedir que le pongan una copa de Rueda con dos piedras de hielo, porque me enciendo.

¡Qué ustedes se refresquen bien!.

¿La carta de un restaurante o un documental de National Geographic?

La verdad es que cuando leo la carta de algunos restaurantes parece que estoy viendo los títulos de ciertos documentales de la National Geographic habida cuenta de los platos, productos o elaboraciones de lo más exótico y desconocido, al menos para mí (ya lo decía Sócrates -el filósofo, no el futbolista-: “Solo se que no se nada”).

Haba tonka, dumpling, humo de arce, resina de mastik,… No me extraña que útlimamente tengas que ir a comer con una tablet con conexión wifi bajo el brazo ya que seguramente te aclarará muchos de los conceptos que se reflejan en las cartas de nuestros restaurantes.

Con el fin de soprender al comensal, no sólo se utiliza la vista -eso de comer por los ojos ya no se lleva- sino que también se utiliza el lenguaje y sólo tenemos que ver las denominaciones de algunos platos -de los que aprovechando que tenemos el tablet no sólo vamos a sacarle una foto, sino que ya de paso utilizaremos el traductor de Google para saber qué es o de dónde proviene lo que nos vamos a comer-.  Porque hemos de dejar claro que al restaurante vamos a comer, aunque en este caso y por añadidura, también a aprender, ya que nunca se sabe si algo de eso nos puede caer como pregunta en el Trivial o en Pasapalabra.

Claro que si empezamos con que en nuestro solomillo de cerdo ibérico aparece una salsa de “haba tonka” y le damos al aparato para saber qué es eso, después de leer lo que se nos muestra en la Wikipedia , seguramente se nos atragante la carne, por desconocimiento, claro, no por riesgo culinario.

¡Lástima, con las buenas judías que se cultivan en nuestras huertas!. En fín, todo sea porque el personal no se canse y pasamos de las judías con jamón de toda la vida a un tónico cardíaco de origen tropical como guarnición.

Y no digamos si con un escalope te colocan  una resina de mastik y después de disfrutar con el plato te da por saciar tu curiosidad y descubres que la “chicha” la has acompañado de una resina de un arbusto mediterráneo con propiedades tónico-astringentes. Así que dile ciao al WC en unos días -y por cierto me trae a la mente el título de la película “El Lute: camina o revienta”-. Sinonimias, supongo.

Pero no todo son “sorpresas”, puesto que también nos sirven para ampliar nuestra cultura culinaria, y así sabremos -gracias a la tablet- que los dumpling son unos “trozos de masa, a veces rellenos, que se cuecen en un líquido, como agua o sopa” -wikipedia dixit-, cumpliendose la máxima de que nunca a la camar irás sin aprender otra cosa más -otro cantar es que puedas dormir con los “aliens” de tour por el duodeno-.

¿Quién dijo que se había perdido el espíritu aventurero?

Por cierto, si alguno de ustedes tiene a bien compartir “descubrimeientos” de este tipo ya saben que ese blog está abierto a sus aportaciones.

¡Doctor Livingstone, supongo!

Fotos de Wikipedia

Balenciaga, rodaballo y txacolí: estamos en Guetaria

Si tienen ocasión, no lo duden y acérquense a visitar un precioso pueblo cerca de San Sebastián y al ladito de Zaráuz y tendrán la ocasión de descubrir el buen gusto y la maestría en tres actividades tan distintas como la alta costura, el rodaballo a la brasa y la elaboración de taxolí.

Les recomiendo el viaje. Nosotros lo organizamos así: visita al museo, comida en Kaia Kaipe -Elkano estaba cerrado y lo dejamos en la lista de pendientes- y recorrido por una de las bodegas pioneras en la D.O. Txacolí de Guetaria, Txomin Etxaniz. De esta forma cumplimos con la máxima de darle culto al cuerpo en todos sus sentidos: intelectual y físico.

Lo bueno de que esta población reúna estos tres campos tan distintos es que pueden dar gusto a prácticamente a toda la familia: por mi parte, tanto a mi mujer como a mi hija les encanta el mundo de la moda y qué mejor ocasión que visitar el museo dónde se nos muestra de forma muy didáctica y con muy buen gusto toda la evolución y el desarrollo del gran creador de alta costura  Cristóbal Balenciaga desde sus inicios hasta sus grandes creaciones.

   

Tras disfrutar con las obras maestras de la costura teníamos mesa en Kaia Kaipe -de esta aficción participamos toda la familia- para disfrutar de una de sus especialidades: rodaballo a la brasa -siento que no haya foto, pero entre que me temblaban las manos de la emoción y que había hambre…-, amén de degustar unos excelentes chipirones a la plancha y unos postres caseros tan típicos como la pantxineta. Eso sí, si pueden pidan una de las mesas con vistas directamente al puerto. El gozo será completo.

   

Y como no podía ser menos despúes de la comida era obligado un paseo por Guetaria, al menos por los alrededores del puerto, ya que el día fue lluvioso, disfrutando del mirador que acoge el monumento a Juan Sebastián Elcano, hijo del lugar o visitar su iglesia sorprendiéndonos del suelo incinado hacia atrás -si alguien conoce su por qué, que nos lo cuente-.

 

Tras hacer un pequeño paseo teníamos cita en la bodega Txomin Etxaniz -aquí el gusto es mío-. Nos recibió Mikel, hijo de uno de los propietarios, explicándonos brevemente la historia de la familia, el desarrollo de la DO, las características de las cepas Hondarrabi Zuri (blanca) y Hondarrabi Beltza (tinta) -cuentan con 40 Ha., algunas de ellas centenarias- con la que elaboran en la actualidad un txacolí del año, un espumoso blanco y otro rosado -de este saldrá la primera añada ahora- y un vendimia tardía de pequeña producción.

 

De momento hemos probado el básico, Txomin Etxaniz 2011, amarillo pajizo, vivo, alegre, con carbónico fino. Nariz frutal, sobre todo blanca y amarilla, y unas notas ligeramente salinas, fruto de la proximidad de las cepas al Cantábrico. Fresco en boca, ligero, pero con un punto de amargor final que lo hace adictivo.

¡Agur!

Vertical de Cámbrico 2002-2006 (II): Los tempranillos.

A pesar de que nos encontrábamos, según los meteorólogos, dentro de un una ciclogénesis explosiva, mantuvimos la convocatoria de la segunda y última cata vertical de la bodega Viñedos del Cámbrico, esta vez en su variedad tempranillo, aunque a petición de Alberto, enólogo de la bodega, se recató el Cámbrico ’04 de rufete.

Los vinos se decantaron para que se airearan y evitar, en lo posible, las notas de reducción, algo que no en todos se consiguió.

Con el fín de no repetir las característica de la zona, plantación, … remito a los lectores al post inicial sobre la cata vertical de Cámbricos rufete.

Bueno pues a pesar de la preocupación de que los elementos atmosféricos en los que estabamos inmersos influyeran en los vinos y en cierto estado de nerviosismo de algunos participantes sobre la evolución de un equipo de fútbol que se jugaba el pase a la final de la copa de Europa comenzamos a disfrutar de unos vinos que podemos considerar únicos por el terruño en el que están enlavados y por la tipicidad de unas cepas, algunas de ellas endémicas -como la rufete- y otras, como la tempranillo, con una perfecta aclimatación al terruño conseguida a lo largo de los años.

1.- Cámbrico 2002, el primero.

La vendimia se realizó el 3 de octubre. Despalillado manual, maceración en frío, fermentación a baja temperatura y maloláctica en barrica de roble del Cáucaso. La crianza fue de 14 meses en barrica de roble del Cáucaso de 225 litros. Producción 1.500 botella.

Cata:

Muestra un color picota de capa media y lágrima fina. En nariz se muestra cerrado en inicio con notas de reducción. Una vez aireado muestra notas de fruta roja, mentolados, balsámicos, notas de almizcle -que perdurarán-, sutiles hinojos y apuntes minerales de grafito. Complejo. En boca destaca por una excelente acidez, pelín secante, sedoso y con buen recorrido, y con un ligero amargor final.

Vino que evoluciona comenzando por una curva en la que desarrolla aromas primarios y terminan predominando las notas terciarias.

2.- Cámbrico 2003. La primera añada cálida.

La vendimia se realiza el 18 de septiembre. El cambio con respecto al anterior es que la maloláctica se desarrollará en roble francés durante 14 meses y barricas de 225 litros. Producción 1.763 botellas.

Cata: Picota vivo con lágrima fina y algo más de capa que el 2002. En nariz ligeras notas de reducción, fruta roja, arándanos, notas balsámicas y especiadas, vainillas sutiles y tofe. En boca se muestra envolvente, con más volumen y estructura en el que las notas balsámicas -regaliz- predominan. Excelente acidez con unos taninos sedosos.

Resaltar la buena elaboración y los resultados obtenidos en una añada tan complicada como fue la 2003.

3.- Cámbrico 2004. Elegancia y frescura.

Se vendimia el 18 de septiembre manteniendo los mismos criterios en cuanto a elaboración y envejecimiento que el 2003. La producción fue de 1.152 botellas de 75 cl. y 75 magnums.

Cata: Picota de capa media aunque muestra más intensidad que los anteriores. Lágrima fina. En nariz se muestra huraño al inicio dando paso a notas de fruta roja, tofe, tabaco rubio y regaliz. En boca se muestra elegante, redondo, envolvente, largo y sedoso, a la par que fresco gracias a su buena acidez.

Un excelente vino.

4.- Cámbrico 2005. Añada calida y seca.

Se vendimia el 6 de septiembre. La elaboración se realiza en barricas de roble francés de 300 litros durante 18 meses. La producción fue de 1.152 botellas de 75 cl. y 29 mágnums.

Cata: El color sigue siendo homogéneo en toda la cata: picota de capa media y lágrima fina y densa. En nariz se muestra con notas de reducción inicales siendo necesaria más aireación para que se abriera dando lugar a aromas de fruta roja -naranja sanguina-, balsámicos y lácteos. En boca mantiente la máxima de la bodega con una buena acidez un paso de boca sedoso, elegante y en definitiva “adictivo”.

5.-Cámbrico 2006. Primera elaboración en la nueva bodega.

La vendimia se realiza el 7 de septiembre y la crianza en barricas de roble francés de 300 litros durante 22 meses. La producción fue de 2.160 botellas de 75 cl. y 172 de magnums.

Cata: En vista mantiene las mismas características de sus hermanos anteriores. En nariz notas iniciales de chucrut que van dando lugar a especiados, higo seco, curry, fruta roja, balsámciso y notas minerales. Complejo. En boca se muestra sedoso, largo, goloso y con un retrogusto de nots frutales, chocholate -coulant de chocolate- y una excelente acidez.

6.- Cámbrico rufete 2004. Recatado.

A petición de Alberto, el enólgo de la bodega, propuso recatar el rufete 2004 ya que en la vertical anterior esperaba más de él y deseaba darle otra oportunidad. Y dicho y hecho.

Cata: Muestra una vista de color picota de capa media con menisco ligeramente atejado y lágrima fina. En nariz notas de frutas rojas en licor, apuntes terrosos, toques sutiles de vainilla, monte bajo. En un segundo momento se percibe cómo el licor baja de intensidad y predomina la fruta roja, los lácteos -yogur de fresa, caramelo de nata de fresa- y el cacao. En boca muestra excelente acidez, cálido, con tanino sedoso, de buena intensidad y recorrido medio. Goloso.

Para alguno de los miembros del grupo la definición aromática final del rufete era de “chicle bazooka” -para menores de 40 años buscar en Google-, es decir fresa con ese añadido de acidez que le da frescura al vino.

Conclusiones:

A diferencia de los rufetes los vinos elaborados con tempranillo, aún siendo menos sutiles en nariz -que no por ello menos complejos-, muestran más cuerpo y estructura. Destacar la añada 2004 -al igual que le sucede a la 2004 de rufete- como la más compleja de todas, aunque sin desmerecer la complejidad y buena estructura de dotas ellas.

Al igual que los rufetes son vinos de guarda que evolucionan bien en botella aunque es necesaria una buena aireación previa para que desaparezcan las notas de reducción iniciales.

Y como no sólo de vino vive el hombre en La Cocina de Toño nos presentaron una serie de platos para acompañar con los buenos vinos de la cata destacando un excelente solomillo de ibérico a la plancha acompañado de unas patatas meneadas con su torrezno que quitaba el “sentío”.

¡Salud y buen provecho!

Ponga un sumiller en su vida… o no

La verdad es que desconozco si los estudios de sumiller son considerados como una buena salida profesional, pero viendo la que está cayendo y a pesar de los esfuerzos que se han hecho por dotar al personal de sala de esta figura, me parece que que seguiremos careciendo de él en la mayoría de los restaurantes de este país y contaremos con una nueva figura en tiempos de crisis: el maitre-sumiller-camarero, multipuesto y multiusuario, todo por el mismo precio.

Supongo que en los restaurantes top la figura del sumiller seguirá existiendo, pero en el 90% de los restaurantes de este país va usted y le cuenta al empresario que lo suyo es tener a un trabajador que una vez que le toman la comanda al cliente se acercará para asesorarle sobre qué vino acompañará mejor la comida, amén de servírselo como mandan los cánones, y lo más fácil es que le mire con cara rara o que le mande a esparragar después de contarle por dónde le sale del gasto del personal.

Pero ante toda crisis la agudeza se desarrolla y junto con la figura del mutlipuesto-multiusuario, al que previamente se le habrá “formado” con alguno de esos cursos que ofertan en las oficinas de empleo o que organizan las Direcciones Generales de Turismo de cada una de las 17 comunidades autónomas de este país, también puede compatibilizaarse con uno de los útlimos artilugios a los que hice referencia en mi post Como leer una carta y no morir en el intento o, si la economía no da para más o no es usted un Stebe Jobs de a nivel informático, puedo recomendarle una práctica que realicé hace tiempo en el restaurante familiar y que dio resutados más que satisfactorios: utilice una carta de vinos e indique en los vinos las puntuaciones de, al menos, dos guías especializadas.

El resultado será más que espectacular.

Estudiemos la situación: la mayoría de las veces el cliente recela de las recomendaciones -somos así, salvo que tenga referencias del establecimento en cuestión- ya que piensa que lo que le están recomendando es, o lo más caro, o lo que más rápido hay que sacar de cocina por razones obvias -algún día contaré la historia del lenguado que me recomendaron en un restaurante “especializado” en pescados y que se había suicidado en la cámara- o porque el vino que nos quieren colocar -si es para usted desconocido- es el vino que más márgen tiene para la casa o ha conseguido una mega-oferta de comprando 10 te regalo 6.

Si realizamos una carta en la que se indican al lado de cada vino las puntuaciones de al menos dos guías de vinos -yo así lo hice, aunque puede ser de sólo una-, el cliente pierde ese recelo ya que las recomendaciones son “asépticas” desde el punto de vista de la empresa, y en caso de “duda” siempre puede solicitar una de las guías y comprobar si no nos están llevando por el camino “equivocado”.

Hagan las prueba. Si cuentan con un pequeño establecimiento -la mayoría de las veces familiar- hagan el “experimento” y me cuentan la experiencia.

Foto: www.cocinayrecetas.hola.com

¡Vivitos los peces, vivitos!

No, no es que me vaya a dedicar a la acuicultura, ni que esté clamando por la defensa de los peces en extinción. El tema de la entrada era la cantinela que tenían las vendedoras de peces al recorrer las calles de Salamanca, en mi infancia, avisando de viva voz de la llegada de “material” fresco y recién pescado en el río Tormes.

Sí, ya se que os estaréis preguntando si al Baranda se le ha ido la pinza, pero realmente lo que voy a tratar en este post es la venta ambulante de alimentos frescos perecederos o precocinados que se ofertan en la mayoría de los mercadillos y que, a primera vista, dejan un cierto margen a la preocupación sobre sanidad alimentaria.

Siempre que veo un documental sobre países del tercer mundo y aparecen mercadillos con productos frescos perecederos y al “propio” espantando las moscas se me pone el vello como escarpias, pero cuando veo a una vendedora de pescado fresco en el lugar en el que normalmente veraneo ofertando sus productos sobre una carretilla de albañil y como único elemento de protección una especie de sábana acabo pensando que este país tiene mucho en lo que mejorar para alejarnos del mercado de Bamako, capital de Mali.

Si a ello unimos lo que veo todos los domingos en mi paseo vespertino en el mercadillo semanal mi preocupación se multipica de forma exponencial o dígamen si es “normal” tener a la entrada una furgoneta del tipo DKV con el porton trasero abierto y en el que se ha acondicionado un asador de pollos con las bombonas de gas situadas en la parte lateral y sin ningún tipo de indicación de que cuenta con todas las garantías higiénico-sanitarias establecidas en la legislación.

Claro que si apostamos por la comida “mediterránea” nada como acercarse al puesto de la fritura de patatas fritas en las que a pesar de mostrar unas botellas de aceite de oliva todo parecido olfativo con la realidad es mera coincidencia, además de estar el ketchup y la mahonesa fuera de un lugar refrigerado con los problemas sanitarios que ello conlleva.

Ante estos ejemplos me surgen una serie de preguntas: ¿estos negocios tienen obligación de exhibir en lugar visible que cuentan con el visto bueno de la inspección sanitaria de la comunidad autónoma al uso?, ¿se les exige el carnet de manipulador de alimentos al personal de las furgonetas?, ¿se cuenta con una inspección por parte de la policía municipal sobre riesgos para los transeúntes, habida cuenta de que entre el fuego del horno y las bombonas no hay ni un par de metros de separación?, y no pregunto si existe un claro aislamiento entre el horno y el depósito de la gasolina.

En fín, es justo reconocer que he tenido también oportunidad de visitar puntos de venta ambulante de productos frescos perecederos y de precocinados que están perfectamente acondicionados, pero me gustaría que alguien me respondiera a las preguntas arriba expuestas y si alguien se anima a proponer las que considere oportunas o a comentar las experiencias que haya tenido, buenas o malas, al respecto de este post que hable ahora o …

Por cierto y antes de que se me olvide. He disfrutado hace unos días de una visita a San Sebasitán. He disfrutado de sus paisajes, de sus museos, del buen trato del personal, pero no acabo de entender cómo nadie obliga a mantener sus excelentes pinchos protegidos tras una vitrina. Afortunadamente ahora ya no se puede fumar en los bares, pero de momento nadie nos impide toser, y compartir los virus y las bacterias no es precisamente lo más “democrático”.

¡Agur!

Fotografía: Junta de Andalucía.

Como leer una carta de vinos y no morir en el intento

La verdad es que de la misma forma en que se ha producido una revolución en la técnica y en la ciencia aplicada a la gastronomía -y podemos disfrutar de una tortilla de patatas en copa o de unas falsas palomitas elaboradas con nitrógeno líquido- estamos asistiendo al mismo proceso en cuanto a la presentación de las cartas de vinos.

Así hemos pasado de aquellas con un estilo de pergamino o las que te realizaban las propias bodegas o distribuidores con varias fundas de plástico -y de paso el 90% eran vinos tanto de la bodega como del distribuidor- a tener un “tocho” en el que se incluían las más de “tropecientas” referencias del local al uso y que en caso de caída la integridad de tus juanetes corrían un serio peligro, o, últimamente, a las cartas tipo “ipad” en las que podemos incluir todas nuestras referencias con indicación de la zona,  la bodega, el tipo de uva o el mejor maridaje, con lo que si en la elección del vino se solía tardar una media de 5 minutos con este sistema pasamos de la comida a la cena sin ruptura. Y no sólo eso, sino que, sí antes esperabas  mesa tomando una copa de vino en la barra antes de entar en el comedor, ahora recibimos unas nociones previas de cómo utilizar un artilugio en el que lo mismo  lees la prensa que miras a ver qué tiempo va a hacer o revisas tu correo.

Y si no vean, vean piquen aquí y vean cómo funciona.

Y no se pierdan el último “berrido de la jungla” ya que la última carta “futurista” que ha caído en mis manos ha sido una en la que incluye una breve información sobre le vino (léase nombre, bodega, zona, uva y precio) y al lado aparece una código QR. ¿Mande?. Sí, ahora colocas tu movil sobre el código y en tu teléfono accedes a todo el proceso, elaboración y maridaje del vino en cuestión.

Si D. Hilarión vaticinaba que las ciencias adelantan una barbaridad y Julio Verne era un visionario futurista que hablaba de submarinos o viajes a la Luna, no ha mucho tardar podremos ver platos con un código de barra o un código QR en el borde en el que pasando un lector o el movil nos dirá hasta el número que calza el cocinero.

Y no piensen que exagero. Si vemos cómo avanzan las creaciones robóticas en breve tendremos a un R2D2 en guapo que leerá el código X que aparece en la carta de platos y nos indicará el mejor vino para maridarlo, además de servirlo a su temperatura de servicio óptima por medio de un proceso de enfriamiento controlado por las propias manos del humanoide y que nos dirá a través de un lector de barrido si el vino se encuentra en buenas condiciones, si tiene notas de reducción, si se decanta o no,…

Aunque lo más preocupante sea que al final tengamos todos un microchips incorporado en el que, al igual que un lector de alarmas del super, sabrán nuestros gustos y al entrar en el restaurante el androide que se encuentre detrás de la barra ya nos tenga preparado el blanco de Rioja del 64 que tanto nos gusta.

Lamentablemente cuando llegemos a este extremo los sumilleres del mundo gritarán: Ave Baco, morituri te salutant!

Así que griten conmigo ¡hasta el infinito y más alla!.

Vertical de Cámbrico (I): desmitificando la oxidación de la uva rufete.

En nuestra última reunión-cata-debate-clase magistral,… -pónganle ustedes lo que deseen-, del lobby charro tuvimos la oportunidad de disfrurtar con una vertical de los vinos que se elaboran en la zona de la Sierra de Francia-Las Batuecas (dentro del Parque Natural de la Sierra de Francia) por parte de la bodega Viñedos del Cámbrico y teniendo el privilegio de contar con su enólogo, Alberto Martín, para desentrañar las características de unos vinos elaborados con una casta autóctona de la zona, como es la rufete.

   

Partimos de unos inicios en que el tandem Fernando Maillo y Alberto Martín deciden hacer algo distinto en una zona en la que las elaboraciones de graneles son las predominantes y se fijan en unos terrenos dispersos con unas parcelas dispuestas en bancales y en las que los viñedos tienen entre 80 y 100 años de edad y con unas altitudes que oscilan entre los 800 y los 950 m. Con cepas de rufete en las que la carga frutal apenas sobrepasa el kilo y bajo las que existe la “maldición” de ser excesivamente oxidativas e impropias para la elaboración de vinos con crianza y larga vida, algo que a lo largo de este post vamos a desmitificar.

Estos parámetros le van a permitir “jugar” con distintas evoluciones de maduración dependiendo de la altitud de las parcelas en un terreno básicamente granítico propio del núcleo paleozoico en el que nos encontramos y del que toma el nombre la bodega al ser el primero de los seis periodos o series de la Era Paleozoica y período en el que se produce la primera explosión de vida.

Todo el viñedo propio está acogido a la denominación de agricultura ecológica desde 2004 y en el que apenas existe mecanización debido a la imposibilidad del acceso a los estrechos bancales a los que sólo es posible acceder con animales y pequeña maquinaria.

Las uvas con las que cuentan en Viñedos del Cámbrico son Calabrés -tipo de garnacha-, Tempranillo -que en la Sierra de Francia es conocida como Tinto Aragonés-, Rufete y una uva blanca sin identificar y que bien podría acabar denominándose -si las reglas de la biología lo permiten- como Rufete blanco.

 

La primera añada que sale al mercado es allá por el año 2002 y, como diferencia con el resto de las añadas, es la única que hace la crianza en roble del Cáucaso. En los inicios se despalillaba a mano y en la actualidad ya se cuenta con una despalilladora y una mesa de selección en la que se separan los raspones, las uvas menos maduras, … Se realiza un ligero prensado y con un OVI se pasan al depósito. La fermentación maloláctica se hace siempre en barrica y no se produce ni filtrado ni clarificado de los vinos.

Una vez hechas las presentaciones creo que lo más conveniente es pasas a disfrutar de cada una de las añadas elaboradas, desde la inical 2002 hasta la última en el mercado, la 2006, puesto que en el 2007 se consideró que las uvas no tenían la suficiente calidad para ir destinadas a Cámbrico.

  

1.- Cámbrico rufete 2002, el primero de la saga.

Se vendimia el 2 de octubre en lo que se consideró como un añada fresca. Despalillado manual, maceración en frío y fermentación a baja temperatura. Maloláctica en roblde del Cáucaso. Crianza de 14 meses en barricas de 225 l. Producción: 300 botellas.

Cata: Se muestra ce color rubí y capa media-baja cn una lágrima fina y densa. En nariz notas iniciales de reducción que desaparecen en agitación y dan paso a notas de fruta roja, tostados ligeros, apuntes florales, hinojo, hojarasca, naranja sanguina y fondo especiado. En boca muestra buena acidez, apuntes lácteos, frutas en licor y sedoso, con un buen recorrido.

2.- Cámbrico rufete 2003.

Primera añada cálida que hace que se adelante la vendimia al 16 de septiembre. En esta añada la crianza se produce en barricas de roble francés de 225 l., algo que se mantiene hasta hoy. La producción sigue siendo corta, 300 botellas.

Cata: Muestra un color rubí de capa media-baja con lágrimas fina y lenta. En nariz fruta roja compotada y en licor, balsámicos y de menor intensidad que su hermano mayor. Se muestra más intenso en boca con una buena acidez y volumen aunque con un tanino aún con notas secantes.

3.- Cámbrico rufete 2004.

La vendimia se produce el 14 de septiembre, una crianza de 18 meses en barricas de roble frances de 225l. y la producción se eleva a 1.661 botellas.

Cata: Picota de capa media y menisco rubí. Fruta roja en licro, notas de torrefactos, flores, balsámicos. Complejo. En boca excelente acidez, sedoso, fresco y de largo recorrido.

  

4.- Cámbrico rufete 2005.

También fue una añada cálida y seca. Se vendimió el 2 de septiembre y se hizo la crianza durante 18 meses en barricas de roble francés de 300 l. La producción alcanzó las 2.592 botellas.

Cata: De color rubí, limpio y brillante -borgoñón apuntó alguien-. Con una nariz en la que afloran notas balsámicas, de hojas secas, fruta roja y notas cítricas, apuntes mentolados y de higo seco, notas de sandía, regaliza rojo y regaliz “de palo”. En boca mantiene la constante de una buena acidez, la sedosidad y una cierta calidez. De momento es el que más notas frutales aporta.

5.- Cámbrico rufete 2006.

Se elabora en las nuevas instalaciones de la bodega iniciándose la vendimia el 2 de septiembre con una crianza de 21 meses en barricas de roble francés de 300 l. y una producción de 3.780 botellas.

Cata: mustra un color picota conmenisco rubí y una lágrima fina. Notas de tostados iniciales, flroes azules, fruta roja en licor y apuntes balsámicos. En boca buena acidez cierta calidez en boca y un tanino aún secante. Pide tiempo y guarda en botella para alcanzar su potencial y equilibrio.

6.- “Rufete blanco” 2009.

Tuvimos el placer de catar esta muestra obtenida de unos 500 kg. de uva “sin nombre” y que hemos bautizado como rufete blanco. De los 500 kg. se obtuvieron 60 litros y tuvimos el priviliego de catar uno.

Cata: Amarillo con un ribete dorado y cierta turbidez. En nariz notas de fruta blanca (manzana), levaduras, pan tostado y en agitación punta de lima. En boca muestra buena acidez, untuoso, denso, con un toque de carbónico, ligeramente amargo y con ligeras notas de alcohol. Parece que está fermentado en barrica, pero no. Con el paso del tiempo se va produciendo un cierto desequilibrio.

Conclusiones:

Podemos destacar la gran similitud cromática de todas las añadas y la gran diferencia en el resto de las características. Cada añada es distinta, no se busca la fidelización del consumidor por la homogeneidad de los vinos, sin por la diferencia entre ellas. Estamos ante un estilo, desde mi punto de vista,  claramente borgoñón en el que se busca una elaboración sin “retoques”, dejando “hablar” al terruño, al entorno, en definitiva a la propia naturaleza.

Son vinos que dan lo mejor de ellos con unos años de evolución en botella. El 2002 nos sorprendió a todos por su desarrollo, su compleja nariz y esa acidez que le dota de frescura, aunque aún mantiene ligeramente las notas de ese roble del Cáucaso en un principio fue tan complicado de ensamblar. La añada 2004 quizá sea la más compleja en matices, la 2005 la más frutal y fresca y la 2006 un bebé con muy buena proyección que habrá que recatar dentro de unos años.

Para terminar Toño, jefe de cocina de La Cocina de Toño, nos preparó unos platos para acompañar a los vinos y disfrutar de un buen maridaje. Así, entre otros, podéis ver la brocheta de pez mantequilla o el solomillo de ibérico acompañado de patatas meneadas. Y después, ¡a levitar!.

   

Nos leemos en abril con la Vertical de Cámbrico (II): Tempranillos. Vayan reservando sus asientos.

La piedra filosofal en el consumo de café.

Hacía tiempo que tenía pensado hablar sobre los pésismos cafés que, por lo general, nos sirven en la mayoría de los establecimientos de hostelería y que por causas tecnológicas parece que, en parte, pueden ser paliados sus efectos.

Si hemos sufrido en nuestro estómagos cafés “de puchero”, del “mítico” portugués o “aguachirris” anónimos, he de comunicaros que nuestros males han llegado a su fín ya que, aunque de momento el boom se ha producido en el área doméstica, ya se cuentan con máquinas preparadas para el área profesional y así pueda unirse  a lo que denomino “la piedra filosofal cafetera”, o lo que es lo mismo “el café por dósis”.

¿Quién no desea disfrutar de su “volluto” como George Clooney o de invitar a un “ristretto” a su pareja?.

Se acabó el mal café, puede que nos salga más caro, pero el hostelero se olvidará de tener que comprar una máquina con molinillo incluido o de tenerlo separado, de las pérdidas del café molido cuando se rellenaba el cacillo, del cajón en el que se depositaban los restos unas vez elaborado,…

En fín que son todo ventajas. Bueno, eso en el tema del disfrute del café ya que habría que mejorar algunas vajillas, los tipos de azucar y acompañar, si ese es el gusto del cliente, de una leche o nata con garantías.

El problema será para aquellos hosteleros que basan su “beneficio” en doblar o triplicar el servicio, y claro eso de que el personal se quede a degustar un café “top” puede dar lugar a algunas prácticas conocidas, sobre todo en épocas en las que los establecimientos están completos -léase Ferias y Fiestas, Semana Santa, puentes en las grandes capitales se vacían en beneficio de las provinciales,…- y sigamos escuchando la vieja argucia de “la máquina del café se ha estropeado”…. “¡Qué pasen los señores que están esperando a las mesa 6!

Yo he de confesar que sigo fiel a mi cafetera de cacillo de toda la vida y prefiero hacerme mis cafés, siempre de tueste natural, de tipo arábica o robusta, de Colombia, Costa Rica, Brasil, Jamaica o de Costa de Marfil, Angola o Zaire.

Ah!, y se lo recomiendo, no dejen de acompañar una buena taza de café con un buen chocolate negro ¡para levitar, oiga!.

Fotografía: Nespresso

¿Por qué le llamamos pan cuando quieres decir mutante?.

La verdad es que tenía ganas de escribir este post habida cuenta del penoso pan que no sólo nos sirven en la mayoría de los restaurantes, sino de la escasa variedad y calidad con que nos encontramos en panaderías y supermercados, salvo honrosas y escasas excepciones.

No comprendo como en este país, y más concretamente en mi ciudad, Salamanca, enclavada en zona  cerealística hemos caído en un consumo de pan de tan pobre calidad.

Antes en los obradores veías descargar harina y ahora lo que ves es descargar cajas de pan precocido y congelado. Antes ibas al obrador para recibir ese olor tan agradable del pan hornéandose, ahora se va a la gasolinera a comprar el pan y salir oliendo a gasolina 98 octanos.

Basta con comprar una de esas baguettes precocidas -y mal fermentadas- que una vez llegas a casa o bien han sufrido una disfunción erectil grave o bien necesitas que te presten una marra para poder hincarle el diente, o esos panes que parecen haber sido pasto de un psicópata del estilo Norman Bates a la hora de hacerle los cortes y que al final en el proceso de cocción han dejado la miga reducida a una mera anécdota. ¡Y no digamos de las barras de leña a la que no tienen ni el gusto de conocer!. ¡Ah! y no se le ocurra dejarlo para el día siguiente porque sufrírá lo que yo llamo el efecto “masticado de tabaco”, sí como en las películas del oeste, una sensación de que lo que mascan se va convirtiendo en un bolo alimenticio incapaz de digerir, pero, por favor, ahórrense la escupidera.

Pero en el fondo luego vemos las panaderías, obradores y demás establecimientos en los que se venden tamaños engendros y se encuentran llenos o con cola para recoger a la criatura panificada con lo que me lleva a plantearme una pregunta: ¿realmente valoramos lo que es un buen pan o nos dejamos guiar por la oferta o miniprecio de turno en detrimento de la calidad?.

De un tiempo a esta parte está proliferando -entre los que me encuentro- auténticos buscadores de buen pan o, presas de la locura, nos atrevemos a elaborar  -con mejor o peor fortuna-  el nuestro propio. Claro que entonces pasamos al estado de carencia “harniera” ya que póngase usted a buscar harina de centeno, de castaña, de cinco cereales, … Al final pasas de preguntar por los obradores y acabas, como casi siempre, entrando en una página web especializada que te vende desde todo tipo de harinas, hasta los moldes, rasquetas y cuchillas varias, piedras de horno y todo tipo de “artillería”.

No quiero dejar pasar la ocasión para que nos digan, indiquen, señalen,… dónde han encontrado ustedes un buen pan al que llevarse a la boca porque tenemos que salvaguardar ese legado histórico y evitar que se pierda el poder comer un buen huevo frito acompañado de un buen pan candeal.

¡Al pan, pan, y al vino, vino!, pero por favor, que sean de verdad.